sábado, 24 de enero de 2015

Maldita Selectividad

Este año es mi último año de instituto, o eso espero. Siempre había soñado con que llegara, con ser mayor, con divertirme con mis  amigas, con tener más libertad. ¿Y con qué me encuentro? Con estrés, con agobios, con la palabra “selectividad” en todas partes. Era mi sueño y se está convirtiendo en mi pesadilla. No paro de estudiar, apenas salgo con mis amigas de fiesta, apenas reímos. ¿Por qué? Por estudiar. Últimamente, mi vida se basa en eso: estudiar. Y lo odio. Parece que vivo para estudiar, para hacer exámenes, para memorizar datos inútiles, para recibir suspensos. Bonita vida ¿No creéis? Ser esclava del instituto, de la educación, del sistema. Si me dijerais: “El año que viene va a ser genial, te lo vas a pasar como nunca” es posible que lo aceptara, que me renegara y siguiera con la vida que llevo ahora. Pero no es así. No en mi caso. Si mi vida va a depender de estudiar, no quiero estudiar. No me gusta sentarme en una silla y no levantarme de ella en horas. No me gusta que cada día me duela la cabeza y tenga que estar a base de pastillas. No me gusta no tener tiempo para mí. No me gusta estudiar. Pero sobre todo, no me gusta estudiar en vano. Me esfuerzo pero, ¿Dónde están los frutos de éste? A mi parecer, se los lleva otro, pues yo ni los huelo.
Además, lo que no dejan de decirme es: “Aprovecha el último año”. ¿Que lo aproveche? ¿Cómo? Desbordada de deberes, de exámenes… ¿Cómo se puede disfrutar? Hay personas, importantes para mí, que se van a universidades en la otra punta del mundo. ¿Cómo puedo aprovechar el tiempo con ellos? Sólo les veo en el instituto y si hablamos es de deberes o lecciones. Con esto quiero decir que el instituto se lleva mi tiempo, dejándome hecha un desastre. Recuerdo haber visto tres palabras: SOBRESALIENTES, AMISTAD y DESCANSAR, seguidas de la frase: elije únicamente dos. ¡Qué razón tiene! No pude averiguarlo hasta a este año.

Mi conclusión es que no nos dejan ser niños antes de convertirnos oficialmente en adultos. Así que, Peter Pan, si lees esto ya que por algún casual hay Wi-Fi en Nunca Jamás, ven y llévame contigo.