Hoy, por un trabajo que tengo que hacer para el colegio sobre el precio de la belleza, he visto un impactante vídeo: "21 días sin comer". Lo califico de impactante porque impresiona hasta a la protagonista. Me parece increíble que haya mujeres que sean capaces de hacer tal sacrificio por alcanzar una perfección abstracta, que la sociedad ha implantado en nuestras mentes. Pero he de precisar que los hombres tampoco se libran. Una psicóloga nos enseñó que la anorexia era más frecuente en las mujeres pero que con tan sólo rozar al hombre podía acabar con su vida. Es decir, que a los chicos les cuesta más acceder a ella, pero en cuanto tienen esta enfermedad se volvía un tema extremadamente serio. Ver este tipo de vídeos te hacen pensar, o por lo menos, a mí. Me hacen pensar en que si de verdad es la imagen tan importante como para que tengas que poner tu vida en peligro. ¿Es tan primordial tener un cuerpo 10? ¿Significa tanto el exterior? Si de verdad el mundo piensa eso, yo también debería empezar a adelgazar de inmediato. Pero luego pienso: ¿Se puede rozar la perfección teniendo esa mentalidad? ¿Estando en parte atrapada por la idea de ser delgada? o más personal aún ¿Podré tener la fuerza de voluntad para empezar una estricta dieta y seguirla el resto de mi vida para conservar el cuerpo que deseo? Creo que esa idea me echa para atrás. Lamentablemente no puedo renunciar a ese chocolate caliente que te tomas al llegar del colegio un helado día de diciembre o los mazapanes de navidad o incluso los aperitivos, tan típicos de España. Mi cerebro me dice que nunca podré alcanzar el cuerpo que espero, puesto que tengo demasiadas debilidades. Pero, como en el vídeo de esta chica, ¿Desarrollaré cierta repugnancia por la comida? Sinceramente no tengo ni idea.
Recuerdo que, con 14 años, estaba en una clase que no me gustaba en absoluto. Sólo confiaba en mi mejor amiga que afortunadamente estaba en la misma que yo. Un día, un amable chico me preguntó: "¿Te gusta tu aspecto?" A lo que yo respondí con un rotundo y tímido no. Él sonrió y me dijo: "Haces bien" Desde aquel momento me mentalicé de que si no le parecía guapa a él, ¿A quién porras le iba a gustar? Eso me desanimó muchísimo, pero luego "recapacité": puede que vaya a tener esta horrible cara el resto de mi vida, pero puedo cambiar mi cuerpo. Desde aquel día, apenas comía, por mucho hambre que tuviera. Dejaba comida en el plato, cosa que nunca hacía, ya no picoteaba entre horas, no almorzaba y reduje las cantidades de comida. A mes, mes y medio me seguía viendo gorda, aunque me moría de hambre no podía dejarlo ahora que estaba consiguiendo algo. Pasó otro mes y mi mejor amiga me invitó a la playa con su familia. Fui encantada. El día antrior, mientras me preparaba la maleta, decidí probarme algún bikini, y para mi sorpresa... me estaban grandes. Se me caían como si fueran dos tallas más grandes que la mía. Estaba muy contenta, lucí cuerpo en la playa. Pero vi algo que me sorprendió: el dolor que el hambre me causaba en la boca del estómago era constante. Nunca me abandonaba. ¿Qué pasó después? Que en una de las visitas de mis abuelos, mi abuela me vio demasiado delgada, por lo que me cebó como a los cerdos. El año siguiente seguí con la dieta pero me hice amiga de dos chicas que les daba igual su aspecto físico, se aceptaban tal y como eran. Ese amor por sí mismas me contagió y volví a engordar. Ese eterno pinchazo en el estómago desapareció y con él mis complejos. Ahora, sigo teniendo a mis queridísimas amigas pero, como toda adolescente, se han enamorado. Un buen día, ya no comían como querían, suprimían comidas... y estaban adelgazando para gustarles a los chicos. El problema es que aún, ahora mientras escribo esto y vosotros lo leéis, siguen adelgazando aunque ya tienen a los chicos en el bolsillo. De nuevo, soy la gorda de la clase y ese vídeo me ha inspirado que yo también puedo hacerlo. El caso es que no sé si debería. Es tan sólo disminuir comidas y dejar de picotear entre horas y... algún vomito después de alguna cena excesiva. Tan sólo me queda decir que lo consultaré con la almohada.
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