Hoy, en filosofía, hemos visto un concepto
algo abstracto: el trabajo. Como ya sabréis los que dais esta materia, el
profesor se empeña en que absorbamos sus teorías e ideologías, descartando
cualquier idea diferente de su doctrina. Para el maestro, el trabajo es
liberador. Y lo que yo me pregunto ¿Liberador? Lo que nos ha explicado es que,
durante la esclavitud, los adinerados hacían trabajar a los hombres que habían
comprado con el fin de satisfacer sus necesidades. Por ejemplo, cuando mandaba
a un esclavo a por agua era con el fin de no morir de sed. Ahí vemos claro el
alto nivel de dependencia que tiene el amo hacia el esclavo, que no existiría
si fuera él mismo a por el agua. Se podría decir que el trabajador controla a
su posesor. Ahí estoy de acuerdo con la teoría del profesor, pero ¿Acaso no
seguiría sometido al hecho de ir a buscar agua? Cojamos un ejemplo más actual:
el empleado. ¿En qué se diferencia del esclavo? En nada. “¡Mentira!” Habréis
pensado muchos y por eso me voy a justificar. Decidme, ¿No trabajan ambos?
Claro. “¡Pero uno tiene un sueldo!” Es cierto. Pero, ¿No alimentaban a los
esclavos? ¿No les ofrecían un techo? Los trabajadores utilizan su sueldo para
consumir, para no morir de hambre y tener una casa. Lo que quiero decir es que
el trabajo nos somete, ya sea a reglas, técnicas o a personas. Incluso yo, que
escribiendo, soy esclava de mis ideas. La verdad es que sí, nos hace liberar
energía, sí, nos aleja del control de nuestros padres, pero la esclavitud sigue
ahí. Somos presos de nuestras necesidades básicas ya que, sin necesidad no hay
consumo, sin consumo no hace falta dinero, si no hace falta dinero no
se trabaja, sin trabajo somos libres. Pero, he de admitir que sin trabajo el
hombre sólo es libre. El trabajo da la identidad del hombre: los animales no
trabajan, son libres. Sin el trabajo seríamos animales, sólo el trabajo nos
puede liberar de ese estatus. Así concluyo que el trabajo realiza al hombre y
que el hombre está destinado a ser un esclavo.
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